La Trampa de la Comparación Espiritual
Una de las mayores amenazas para la unidad de la iglesia y la madurez espiritual es la tendencia a compararnos con los demás. El fariseo de Lucas 18 oraba diciendo: "Te doy gracias porque no soy como los otros hombres...". Al desviar la mirada de la santidad de Dios para ponerla en las imperfecciones ajenas, creó una ilusión de superioridad espiritual.
Cuando nos comparamos con quienes creemos que están "atrás" en el caminar cristiano, alimentamos el orgullo. Y cuando nos comparamos con quienes parecen ir "adelante", solemos caer en la frustración o la envidia. En ambos casos, perdemos de vista que nuestra única regla y modelo es Jesucristo.
Enfocando Nuestra Mirada en el Creador
“Porque no nos atrevemos a igualarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos... no son juiciosos.” — 2 Corintios 10:12
La Biblia nos llama a examinar nuestro propio caminar con honestidad, no con espíritu de competencia. Cada creyente tiene un proceso y un tiempo diseñado por el Espíritu Santo. Fomentemos un corazón humilde que ayude a levantar al caído en lugar de usar su caída para sentirnos justificados.